OPINIONES SOBRE CHINA

El comité central del Partido Comunista de China celebró recientemente su sexto pleno para discutir "los principales logros y la experiencia histórica" del partido en sus 100 años de historia, así como para considerar su política "para el futuro". Justo después, Jamie Dimon, director ejecutivo de JP Morgan Chase, bromeó diciendo que el Wall Street Bank duraría más que el Partido Comunista chino. "Hice una broma el otro día de que el Partido Comunista está celebrando sus 100 años. También lo está haciendo JP Morgan. Apostaría a que duraremos más", señaló en el Boston College Chief Executives Club, un foro de negocios.

¿Cuál es el balance y el futuro de China bajo el Partido Comunista? Parece apropiado comentar una serie de nuevos libros sobre China recién publicados que intentan responder a esta pregunta.

Comencemos con el de Isabelle Weber, Cómo China escapó de la terapia de choque. Este libro ha tenido un gran impacto, importante en los círculos académicos de izquierda, recomendado por Branco Milanovic, el principal experto en desigualdad global y también autor de un libro reciente, Capitalism Alone, en el que sostiene que el socialismo es imposible y que el dilema de la organización social humana en un futuro previsible es entre el capitalismo "liberal democrático" (Estados Unidos y "Occidente") o el "capitalismo político" de un estado autocrático (China, Rusia).

El libro de Weber es un relato de cómo y por qué China no siguió la vía de restaurar el capitalismo a través de la 'terapia de choque' de la privatización y el desmantelamiento del control estatal como lo hizo Rusia a principios de la década de 1990. En cambio, según Weber, los líderes de China bajo Deng a fines de la década de 1970 debatieron qué dirección tomar y optaron por una apertura gradual de la economía estatal planificada al capitalismo, en parte a través de la privatización pero principalmente a través de la inversión extranjera.

Weber sostiene que la "mercantilización gradual" de la economía china facilitó el ascenso económico de China, pero sin llevar a una "asimilación total" con el capitalismo. La decisión de los líderes chinos de avanzar gradualmente hacia el capitalismo fue todo menos una conclusión inevitable o una elección "natural" predeterminada por el excepcionalismo chino, afirma Weber. En la primera década de "reforma y apertura" bajo Deng Xiaoping (1978-1988), la forma de mercantilización de China se forjó en un feroz debate. Algunos abogaron por una liberalización tipo terapia de choque, mientras que otros defendieron la comercialización gradual comenzando por los márgenes del sistema económico. De hecho, en al menos dos ocasiones, Deng optó por un "big bang" en la reforma de precios, pero se alejó del abismo.

A partir de la década de 1980, la influencia del dominio de la economía neoclásica en Occidente, tanto en las universidades como en el gobierno, puso en marcha el proceso de mercantilización de China. Los economistas chinos que favorecían un desarrollo gradual de la economía dual fueron reemplazados por economistas conversos al liberalismo neoclásico. Pero la política neoclásica de permitir que el mercado estableciera los precios condujo a un aumento de la inflación y, finalmente, a las protestas de la Plaza de Tiananmen, la consiguiente represión militar y el encarcelamiento de Zhao, entonces secretario general del PCCh. Aun así, según Weber, a lo largo de la década de 1990, la profesión económica en China siguió alineándose con la corriente neoclásica internacional. Los reformadores neoliberales hicieron grandes avances en el terreno de la propiedad (vendiendo o liquidando empresas estatales),la desregularización del mercado laboral y del sistema sanitario (parcialmente privatizado): cosas de las que creo que se arrepienten ahora los líderes de China, obligándolos a defender bajo Xi un nuevo giro hacia la "prosperidad común".

Sin embargo, Weber reconoce que el núcleo del sistema económico chino nunca fue destruido en un big bang. En cambio, fue 'fundamentalmente transformado' (¿?) en una dinámica de crecimiento y globalización bajo la guía activa del estado. En octubre de 1992, Deng Xiaoping tomó la decisión formal de establecer una 'Economía de mercado socialista con características chinas'. Esta formulación fue una mezcla híbrida que Jiang Zemin, explicó así: "la distinción esencial entre socialismo y capitalismo no está en el dilema entre planificación o regulación del mercado. Esta brillante tesis nos ha ayudado a liberarnos de la noción restrictiva de que la economía planificada y la economía de mercado pertenecen a sistemas sociales básicamente diferentes, lo que ha supuesto un gran avance en nuestra comprensión de la relación entre planificación y regulación del mercado". Había nacido el socialismo de mercado.

Bajo Jiang, China continuó avanzando hacia una economía de mercado capitalista. Weber dice que la dirección china de la década de 1990 "estaba dispuesta a romper todos los obstáculos que persistían para el funcionamiento de las fuerzas del mercado, en nombre del progreso económico". Los controles sobre los bienes de consumo y producción esenciales se desmantelaron paso a paso. Sin embargo, el impacto de este "big bang" fue mucho menor de lo que hubiera sido unos años antes. En 1992, "el esfuerzo de liberalización era similar a saltar desde una roca baja en la base de una montaña de la que se acaba de descender" (Weber). Weber sostiene que el estado mantuvo su control sobre las "alturas dominantes" de la economía de China al pasar de la planificación directa a la regulación indirecta a través de la participación del estado en el mercado."China se integró en capitalismo global sin perder el control de su economía nacional".

El libro de Weber es revelador al relatar los debates políticos entre los líderes del PCCh sobre qué dirección tomar y los factores que determinaban sus posiciones. Sin embargo, Weber parece hacerlo desde el punto de vista de que China era capitalista al menos desde el punto de vista de la dirección de Deng y todos los debates posteriores se centraron en hasta que punto llegar: si optar por una 'terapia de choque' o por avances moderados hacia 'más capitalismo'. . Weber es ambigua sobre la naturaleza económica del estado chino. Para ella, China "se integró en el capitalismo global" pero "mantuvo su control sobre las alturas dominantes" . ¿Qué significa eso para el futuro?

En marcado contraste, John Ross no es ambiguo en su nuevo libro, China Great Road. Ross es catedrático del Instituto de Estudios Financieros de Chongyang, Universidad Popular de China y escribe profusamente en defensa de China y de su modelo económico tal como él lo entiende. Ross proporciona al lector una gran cantidad de datos sobre el éxito económico sin precedentes de China, que ha sacado a más de 900 millones de personas de la pobreza (según la definición del Banco Mundial) y superado a todas las demás economías en su crecimiento de la producción y los salarios durante los últimos 30 años.

La visión de Ross del modelo chino de desarrollo, el "socialismo con características chinas", es que en realidad es una "versión radical" de keynesianismo. Pero es diferente a las políticas keynesianas en los EEUU y Europa, donde se han utilizado los déficits presupuestarios, los bancos centrales han mantenido tasas de interés bajas y se han aplicado algunas formas de flexibilización cuantitativa, que reducen las tasas de interés a largo plazo a través de compras de deuda por parte de los bancos centrales. "En China, por el contrario, los déficits presupuestarios relativamente limitados se han combinado con bajas tasas de interés, un sistema bancario estatal y un enorme programa de inversión estatal. Si bien el programa de recuperación económica de Occidente ha sido tímido, China ha seguido políticas 'pura sangre' del tipo propuesto en la Teoría General de Keynes, así como su propio "socialismo con características chinas".

Ross sostiene que la razón del éxito económico de China fue la falta de ideología o de compromiso con un modelo económico de mercado o estatal de Deng . (Deng: "No importa si el gato es blanco o negro, siempre y cuando caze ratones") . Ross dice: "Porque en Estados Unidos y Europa, por supuesto, se sostiene que el color del gato es muy importante. Solo el gato con el color del sector privado es bueno, mientras que el gato con el color del sector público es malo. Por lo tanto, incluso si el gato del sector privado no caza suficientes ratones (es decir, la economía está en una recesión severa), no debe usarse el gato del sector estatal para atraparlos. En China, se ha soltado a ambos gatos y, por lo tanto, se han capturado muchos más ratones". Así que Ross parece aceptar la opinión de Deng de que el mecanismo de planificación y la propiedad pública no fueron vitales en el éxito de China y que el mercado pudo y puede serlo para el desarrollo de la economía de China. Ross afirma: "Una comparación sistemática de los conceptos de Marx con los de la Unión Soviética despues de 1929 deja completamente claro que las políticas posteriores a Deng en China de reforma y apertura estaban mucho más en línea con las de Marx que las que se aplicaron en la URSS".

Pero, ¿es realmente cierto que la apertura de la economía a los sectores capitalistas y a la inversión extranjera, si bien necesaria para el desarrollo económico de China desde la década de 1980, no implica serias contradicciones y consecuencias para el "socialismo" chino? No es así como lo vio Lenin cuando optó a regañadientes por la Nueva Política Económica (NEP) en 1921 en Rusia para restaurar la producción agrícola después de la guerra mundial y la guerra civil. Para Lenin, la NEP fue un paso atrás necesario en la transición al socialismo impuesta a la Unión Soviética por las guerras y el fracaso de otras revoluciones en Europa. Rusia estaba sola. Con la NEP, según Lenin: "Tendrá capitalistas a su lado, incluidos capitalistas extranjeros, concesionarios y arrendatarios. Le sacarán beneficios que asciendan al cien por cien; se enriquecerán, operando junto a nosotros. Dejémosles. Mientras tanto, aprenderemos de ellos el negocio de administrar la economía, y solo cuando lo hayamos hecho podremos construir una república comunista".

Lenin llamó a la NEP "capitalismo de estado", no "socialismo con características especiales". La "larga NEP" de China como la describe Weber no es la aplicación de las enseñanzas de Marx, como afirma Ross, llevando a China gradualmente hacia el "socialismo"; sino en realidad, un paso atrás forzado al capitalismo. Lenin en 1921 planteó la contradicción en Rusia que Ross ignora en China hoy:"Debemos enfrentar este problema directamente: ¿quién saldrá victorioso? O los capitalistas logran organizarse primero, en cuyo caso expulsarán a los comunistas y eso será el final. O el poder estatal proletario, con el apoyo del campesinado, demuestra ser capaz de controlar debidamente a esos señores, los capitalistas, para dirigir el capitalismo mediante los instrumentos del estado y crear un capitalismo subordinado al Estado y siervo del estado".

Ross, lamentablemente, parece hacerse eco de las opiniones de ese 'socialista antisocialista', el economista húngaro Janos Kornai, recientemente fallecido, que es ampliamente aclamado en los círculos económicos dominantes. Kornai argumentó que el éxito económico de China solo fue posible porque abandonó la planificación central y el control publico y evolucionó al capitalismo. Según Kornai, la democracia (indefinida) solo puede existir bajo el capitalismo, ya que el socialismo se restringe a formas dictatoriales y autocráticas: "el socialismo democrático es imposible".

La combinación de la propiedad pública de las alturas dominantes, la planificación indicativa y un gran sector capitalista con precios de mercado ha hecho avanzar a China, pero también ha aumentado la contradicción entre la ley del valor del mercado y la planificación para las necesidades sociales. En mi opinión, esta es la contradicción clave en todas las economías "en transición" y también de la economía china. Pero Ross parece argumentar que la combinación de mercados y planificación como vía hacia una "China socialista" no tiene contradicciones. Cita a Xi: "tenemos que hacer un buen uso tanto de la mano invisible como de la mano visible". China puede y utilizará, debido a su estructura económica, tanto la 'mano invisible' del mercado como la 'mano visible' del Estado". Pero, ¿pueden el gato del sector privado de Deng y el gato del sector estatal vivir juntos en armonía en un futuro previsible o las contradicciones inherentes a esta combinación aumentarán y se intensificarán? - La actual crisis de la economía china post-COVID sugiere lo último.

Ross reconoce que "la desigualdad en China, como se admite a nivel nacional, ha aumentado a niveles que son excesivos y necesitan ser corregidos", pero no explica por qué existe tal desigualdad y cómo se puede reducir. Sí, ha habido campañas periódicas contra los funcionarios corruptos del partido y los excesos de capitalistas privados (Jack Ma, por ejemplo). Pero los líderes chinos continúan oponiéndose a cualquier tipo de acción independiente de los trabajadores y las huelgas siguen siendo ilegales, aunque en muchos casos, esta prohibición no se aplica estrictamente.

Ross reconoce que el éxito económico de China se basa en un 'socialismo' de tipo keynesiano: "la reforma y la apertura, y el socialismo con características chinas, pueden entenderse fácilmente en el marco de Keynes", refiriéndose al concepto de Keynes de la 'socialización de la inversión'."La economía de China no está siendo regulada por medios administrativos, sino por el control macroeconómico general de la inversión, como defendía Keynes".

Pero esta es una distorsión tanto de Keynes como de lo que ocurre en China. La "socialización de la inversión" de Keynes nunca implicó la propiedad pública masiva de las alturas dominantes de una economía; Keynes se opuso firmemente a eso. Y el éxito económico de China se basa principalmente en la inversión dirigida y de propiedad estatal, no en la "macrogestión" keynesiana del crédito y las medidas fiscales como en las economías capitalistas. La explicación de Ross sobre el éxito económico de China implica que la "macrogestión" capitalista puede funcionar, cuando claramente ha fracasado en las economías capitalistas avanzadas.

Esta no es una visión marxista de China. Un modelo marxista de la economía de China no debería comenzar mirando la tasa de ahorro o inversión en una economía. La teoría marxista parte de la ley del valor. El éxito de China se debe a que la ley del valor que opera en los mercados capitalistas, el comercio exterior y la inversión fue al principio totalmente bloqueada y luego controlada por un gran sector de propiedad estatal, la planificación central y la política macro, y también se limitó la propiedad extranjera de nuevas industrias y se impusieron controles sobre el flujo de capitales hacia dentro y fuera del país. El análisis keynesiano pasa por alto una contradicción clave del desarrollo económico, la de la productividad del trabajo frente a la rentabilidad del capital.

El modelo marxista sostiene que el nivel de productividad es el factor decisivo del crecimiento económico porque reduce los costes de producción y permite que una nación en desarrollo compita en los mercados mundiales. Pero en una economía capitalista donde operan la ley del valor y los mercados, existe una contradicción: la rentabilidad. En el modelo marxista, existe una relación inversa a largo plazo entre productividad y rentabilidad. La rentabilidad entra en conflicto con el crecimiento de la productividad en una economía capitalista y, por lo tanto, dará lugar a la aparición regular de crisis de producción. Una economía en desarrollo necesita limitar este conflicto al mínimo.

En la medida en que el sector capitalista privado de China aumente su contribución a la economía general y se reduzca el papel del sector público, la rentabilidad en la economía general se volverá relativamente más importante y se intensificará la contradicción entre el crecimiento de la productividad y la rentabilidad. Tanto el modelo de desarrollo neoclásico como el keynesiano ignoran esta contradicción.

Richard Smith en su nuevo libro no pasa por alto las contradicciones en una economía en transición debido a las fuerzas contradictorias de la planificación y el mercado. Considera que China es un "híbrido burocrático", ni capitalista ni economía "dirigida". Los gobernantes de China presiden la economía más grande y dinámica del mundo, una potencia del comercio internacional cuyos conglomerados estatales se cuentan entre las empresas más grandes del mundo. Se benefician enormemente de los rendimientos del mercado de sus empresas de propiedad estatal (SOE). Pero no son capitalistas, al menos no con respecto a la economía estatal. Los miembros del Partido Comunista no poseen empresas estatales individuales ni acciones en empresas estatales como los inversores privados. Colectivamente poseen el estado que posee la mayor parte de la economía. Son colectivistas burocráticos que dirigen una economía en gran parte planificada por el estado que también produce ampliamente para el mercado. Pero producir para el mercado no es lo mismo que capitalismo.

Pero Smith concentra su fuego en el fracaso del gobierno chino para manejar el aumento continuo de las emisiones de carbono y la degradación ambiental que ha generado la expansión económica de China. Tanto las empresas capitalistas como las estatales continuamente ignoran o burlan las directivas climáticas y ecológicas y Xi lo acepta porque de lo contrario el crecimiento económico se ralentizaría y el desempleo aumentaría y socavaría el impulso hacia la autosuficiencia industrial de Xi frente a los intentos del imperialismo de aislar y estrangular a China.

Smith argumenta que simplemente no hay forma de que Xi pueda "alcanzar el pico de emisiones antes de 2030 y lograr la neutralidad de carbono de China antes de 2060" y, al mismo tiempo, maximizar el crecimiento. Puede "continuar el desarrollo a expensas de la protección ambiental" o puede "hacer la transición a un desarrollo verde y con bajas emisiones de carbono ... [y] tomar las medidas mínimas para proteger la Tierra, nuestra patria compartida". Pero no puede hacer ambas cosas. En realidad, lo que Smith muestra es que ningún país puede cumplir el control de las emisiones y evitar el desastre climático; por definición, esta es una amenaza existencial global.

Los países del sur global no son los contaminadores históricos del mundo. Ese honor recae en los países imperialistas que se industrializaron del siglo XIX en adelante y siguen trasladando la generación de emisiones a la periferia al tiempo que consumen las materias primas y los recursos producidos en países como China, Asia del Este, India, América Latina y Rusia. Estos países necesitan ayuda para reducir las emisiones y dejar de destruir la naturaleza al tiempo que intentan 'ponerse al día' con el Norte global. Esa ayuda no llegará mientras exista el imperialismo. En lugar de coordinarse con China para hacer frente al cambio climático, la 'comunidad internacional' tiene como objetivo 'contener' y aislar a China a nivel mundial.

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